La piedra pómez no se hunde en el agua gracias a que los poros de su interior guardan gas. Han descubierto que el secreto está en un fenómeno llamado tensión superficial.
No se trata de una broma. Algunas rocas son capaces de flotar durante años enteros en el agua, y ahora los científicos saben cómo consiguen esa proeza, y cuáles son las causas para que, al final, terminen hundiéndose.
La sorprendentemente duradera capacidad para flotar de estas rocas, que pueden unirse para formar islotes de hasta varios kilómetros de longitud en pleno océano (balsas de pómez)), y recorrer así incluso miles de kilómetros, puede ayudar a los investigadores a descubrír erupciones volcánicas submarinas.
Y, más allá de eso, aprender sobre su capacidad de flotación nos ayudará también a entender cómo se diseminan las especies vivas a lo largo del planeta: la piedra pómez, en efecto, es muy rica en nutrientes y sirve como medio de transporte marítimo para muchas plantas y otros organismos. Las balsas flotantes de piedra pómez, además, pueden constituir un serio peligro para la navegación, ya que la cenicienta piedra pómez es muy capaz de obstruir los motores de cualquier embarcación.
«La cuestión del pómez flotante lleva mucho tiempo debatiéndose en la literatura científica, pero nadie ha sido capaz de resolverla», asegura
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